Tras un juicio de nueve semanas en un tribunal federal de Miami, un jurado declaró culpables este viernes a cuatro hombres por su participación en la conspiración que culminó en el asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse, en julio de 2021. Los condenados son Arcángel Pretel Ortiz (colombiano y exinformante del FBI), Antonio Intriago (venezolano-estadounidense y dueño de la empresa de seguridad CTU), James Solages (haitiano-estadounidense y empleado de CTU) y Walter Veintemilla (ecuatoriano-estadounidense que financió la operación). Los cuatro enfrentan una posible sentencia de cadena perpetua por cargos de conspiración para matar o secuestrar a una persona en el extranjero y suministro de apoyo material para cometer un delito con resultado de muerte.
La fiscalía demostró que el grupo basado en Florida reclutó a unos veinte exsoldados colombianos, suministrándoles armas, municiones y chalecos tácticos. El objetivo inicial de derrocar a Moïse se transformó en un plan de asesinato semanas antes del ataque. Según los fiscales, los acusados buscaban reemplazar al mandatario por un nuevo presidente que les garantizara contratos lucrativos de seguridad e infraestructura. El juicio reveló pruebas abrumadoras: el FBI analizó 8,000 gigabytes de datos de más de 100 dispositivos, encontrando mensajes donde se referían a Moïse como “rata” y utilizaban términos en clave como “herramientas” para las armas y “tornillos” para las balas.
La defensa intentó argumentar que Moïse ya estaba muerto cuando llegaron los colombianos y que sus clientes fueron “chivos expiatorios” de una conspiración interna haitiana. Sin embargo, el testimonio de Martine Moïse y las pruebas de la policía haitiana confirmaron que el comando asaltó la residencia bajo las órdenes de los acusados. Mientras seis cómplices ya se habían declarado culpables anteriormente, el médico Christian Emmanuel Sanon será juzgado más tarde por motivos de salud. Aunque el veredicto trajo alivio a la comunidad haitiana en Miami, expertos advierten que este juicio en Florida es solo una fracción del caso, dejando aún interrogantes sobre los autores intelectuales definitivos en Haití.




