Sin hacer mucho ruido, la República Dominicana ha sumado un nuevo récord: se ha convertido en el principal productor de arroz del Caribe y Centroamérica, superando la producción combinada de todos los demás territorios de la región. Según datos del Ministerio de Agricultura dominicano de abril de 2026, el país cultiva 1.5 millones de tareas (unas 95,000 hectáreas) que generan entre el 13 % y el 15 % del PIB agrícola nacional, con más de 5 millones de quintales actualmente en reserva.
Mientras el gobierno de Luis Abinader consolida el arroz como un símbolo de soberanía nacional mediante inversiones en riego, mecanización y semillas de alta calidad, Haití atraviesa la situación opuesta. La producción haitiana, concentrada en el valle del Artibonito, ha colapsado debido a la falta de inversión pública y a la apertura comercial de 1995, que expuso a los productores locales a la competencia del arroz importado, principalmente de Estados Unidos. Hoy, Haití depende de las importaciones para cubrir el 80 % de su consumo.
Esta divergencia subraya dos visiones de Estado: una que prioriza la seguridad alimentaria como pilar de estabilidad y otra donde el sector agrícola ha quedado marginado de las políticas públicas. Para los expertos, la autosuficiencia dominicana no es solo un éxito económico, sino una ventaja estratégica en un mundo marcado por la volatilidad de los precios de los alimentos.




